Domingo, 07 de agosto de 2011

El "Che" Ministro de Industria

El 23 de febrero de 1961, de su embrión primario la dirección de Industrias, organismo dependiente del Departamento de la Reforma Agraria donde el Che se había desempeñado como director, nace el Ministerio de Industrias. Días antes, el 21, el hasta entonces director del Banco Nacional, Ernesto Guevara, ya había sido designado al frente de la cartera.
En los despachos del ministerio conducido por el Che, ubicado en el noveno piso del denominado edificio "A" de la Plaza de la Revolución, se tomarían las decisiones más trascendentes de la futura vida económica de los cubanos; desde allí, el médico argentino intentaría construir la Cuba socialista. Guevara permanecerá al frente del Ministerio de Industrias, que en realidad asumiría las características de un Ministerio de Economía, hasta mediados de 1965.
Las necesidades de la revolución siguen postergando los anhelos del comandante argentino. Sus deseos de exportar la revolución, de combatir y toparse con nuevos desafíos, continuarán formando parte de un futuro todavía lejano de la vida del guerrillero. La honestidad intelectual de Guevara, aliada a la idea de construir un bastión socialista en América, le impidió renunciar a las responsabilidades que se le demandaban desde los más altos niveles del gobierno de la revolución.
Más aún, cuando el héroe de Santa Clara perfilaba ya como el segundo de Cuba. "Vamos a pasar cinco años aquí y luego nos vamos. Con cinco años más de edad, todavía podremos hacer una guerrilla", habría comentado el Che a Manuel Manresa, su secretario privado, quien lo acompañó desde los tiempos de la jefatura en el destacamento militar de La Cabaña. El espíritu aventurero del Che no lo abandonaría nunca.
Las alianzas económicas con los países del Este, producidas en la época en que Guevara se desempeñaba el frente del Banco Nacional de Cuba, exigían una modernización de la infraestructura productiva cubana y una planificación diferente de su economía. El desafío principal del Che, en esta etapa de la consolidación de la revolución, sería la de llevar adelante esas reformas.
Como casi todos los países de América latina, la Cuba de los 60 presentaba una estructura productiva macrocéfala. Sobre el puerto de La Habana congruían la red caminera y ferroviaria que sacaba del país el producto del esfuerzo nacional cubano. En la capital de Cuba se desarrollaba la mayoría de las actividades comerciales e industriales del país. A través de su puerto entraban las maquinarias y los repuestos necesarios para hacer funcionar las escasas industrias; las materias primas, los automóviles y las medicinas. En sus oficinas públicas funcionaba la totalidad de su burocracia de Estado. Pero además, el puerto de La Habana había sido diseñado para operar exclusivamente el funcionamiento de los ferries de Palm Beach y el Sea Train de Nueva Orleáns que conducían a Cuba gran cantidad de productos producidos en los EE.UU. La capacidad de alojamiento en los muelles cubanos no sobrepasaba los barcos de mediano porte, por lo cual, solo se habían construido galpones con reducida capacidad de almacenaje en la infraestructura de los puertos cubanos. Desde la expropiación de las refinerías primera victoria económica internacional del Che, Cuba necesitó prepararse para recibir y despachar barcos petroleros de gran porte, comenzaba una nueva era económica en la isla y Guevara intentaría planificar ese futuro.
Si bien la infraestructura industrial, caminera, ferroviaria y portuaria de Cuba presentaba notables carencias en planificación y desarrollo, la oferta de técnicos capaces de producir los cambios necesarios para su modernización era casi nula.
Guevara convoca al Ministerio de Industrias a su histórico grupo de colaboradores en asuntos institucionales compuesto por Julio Cáceres (El Patojo), Orlando Borrego, Enroque Oltuski, Gustavo Machin, Alberto Mora, Juan Valdés Gravalosa y a su secretario personal Manuel Manresa. También lo acompañarán los economistas chilenos que colaboraron con él en la dirección de Industrias Jaime Barrios, Raúl Maldonado y Carlos Romero. El Che diagrama la estructura del Ministerio a su cargo partiendo de la realidad que le marca la ausencia de técnicos competentes que puedan cubrir los puestos intermedios, indispensables para el buen funcionamiento de la cartera a su cargo. El Che concibe la organización del Ministerio de Industrias como un ente de funcionamiento piramidal, donde él, desde la cima, tomará las decisiones asesorado por un Consejo de Dirección.
La responsabilidad operativa de Industrias estaría a cargo de cuatro viceministros. Los asuntos relacionados con la industria pesada se pondrían bajo el área de la Subsecretaría de Industria Básica. La Subsecretaría Económica se encargaría de la planificación general de la economía de Cuba. La estructura ministerial contaría con dos subsecretarías más, la de Industria Ligera y Construcción.
El Che pondrá a prueba a diario la moral revolucionaria de sus subordinados.
Se quedarían sin participar de las reuniones de Dirección que habitualmente se realizaban en el Ministerio, aquellos que llegaran por más de 10 minutos tarde. Impulsará desde su cargo, la discusión colectiva, pero las decisiones serán unipersonales, las tomaría sólo Guevara. Uno de los primeros pasos que el Che dio como ministro, fue el de poner a disposición del personal a su cargo, una hoja de papel invitando a su personal a ofrecerse para realizar horas de trabajo voluntario.
La actividad comercial e industrial privada en Cuba pasa de pronto a la historia adoptando la forma de una notoria minoría representada por el 15% de la totalidad de la producción y comercialización de mercancías y servicios. El área que queda fuera del control del Ministerio a cargo del Che Guevara será la de agricultura y pesca, que seguirá funcionado bajo el control del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, ente con el cual Guevara polemizará durante toda su gestión al frente de Industrias. La operatividad que el Che impone a la actividad financiera de las instituciones que pasan a depender de su Ministerio, será una copia de los planes emprendidos por Guevara al frente del Banco Nacional. Bajo la gestión del Che en Industrias no existirá la autonomía empresarial, el dinero de la producción se centralizará para luego aplicarse a las prioridades de inversión en las diferentes áreas estratégicas de la economía cubana. El Che ha comenzado a impulsar la utopía revolucionaria desde todos los frentes bajo su influencia.
La gran barrera que encuentra Guevara para sus planes de desarrollo es la falta de tecnología aplicada a la industria. Más aún, en la Cuba del Che al frente de Industrias, no existía una clase obrera industrial desarrollada. Casi todo en Cuba se producía a "pulmón", es decir, por medio del trabajo artesanal. Che no podía modernizar sin despedir o reubicar a los trabajadores empleados en los numerosos "chinchales" -pequeños talleres de producción artesanal que pasaron a manos del Estado cubano en tiempos de Fidel- que abundaban en la deteriorada economía de Cuba. Mientras más de 15 mil trabajadores del calzado -sobraría casi la mitad en caso de tomarse la decisión política de mecanizar el proceso de producción de zapatos- producían artesanalmente cobrando un sueldo, en otras áreas de la producción, como el corte de caña de azúcar o recolección de frutas y hortalizas, la demanda de mano de obra era alarmante. Como respuesta a la necesidad de trabajadores en la cosecha de la caña de azúcar, el 29 de febrero de 1961, el Che Guevara suma a sus responsabilidades del Ministerio de Industrias la de cañero en el Central de Nodarse a donde viajará casi todos los fines de semana para realizar tareas en la zafra, acumulando gran cantidad de horas voluntarias de trabajo.
A pesar de todos los estímulos con que el Che pretendió impulsar la producción industrial en Cuba, la transformación hacia una economía de tipo planificada y centralizada, produjo una burocratización del Estado que crecía día a día en el país según Guevara iba aplicando sus planes económicos. Los resultados más evidentes del estancamiento productivo y la incipiente burocratización se iban evidenciando en un virtual desabastecimiento de los productos indispensables para el funcionamiento de las pequeñas industrias y, sobre todo, en la carencia de medios para responder a las necesidades alimenticias de la población, que obliga a implantar el racionamiento. Los cubanos se habían "comido" la ayuda económica que el gobierno de Batista había recibido durante años de los EE.UU. y comenzaba a paralizarse ahora por el bloqueo impuesto por Kennedy a la isla.
Las tarjetas de distribución de alimentos utilizadas para su racionalización, ofrecían cada vez menos cantidades y surtidos. El control aduanero y las nuevas leyes de importación y manejo de las divisas llamadas "fuertes", habían colocado al país en una situación económico-financiera que comenzó a alarmar a las autoridades cubanas, especialmente al responsable de su economía, Ernesto Guevara.
Los sucesos de Playa Girón radicalizan a Cuba.
Castro pone en marcha su ya acostumbrada política de doble filo a causa del desagrado con que Khruschev recibe la declaración pública del máximo dirigente de la revolución cubana invitando a sus conciudadanos el 26 de julio de 1961 a participar en la construcción de una Cuba socialista (primera declaración de La Habana), un día antes de la invasión de Bahía de Cochinos.
El accionar doble de la política de Fidel consistía, entonces, en intentar un acercamiento con los EE.UU. y a la vez impulsar en el frente político interno, la construcción de un partido político único en el marco de una política de características totalitarias.
Las iniciativas para realizar una reunión cumbre Kennedy-Khruschev en Viena, nació destinada al fracaso. La cuerda política internacional se tensa y Moscú sugiere a Castro no provocar más conflictos hasta que la situación internacional así lo permitiera. Esta sugerencia soviética vendría acompañada de un apoyo económico que permitiría la supervivencia de la isla caribeña, ante el bloqueo a que estaba sujeta por los EE.UU.
Las entrevistas que Ernesto Che Guevara realiza con los presidentes de Argentina, Arturo Frondizi, y su par brasileño, Janio Quadros, habrían respondido a una propuesta del presidente de Argentina, gestionada ante Kennedy con anterioridad a los sucesos de Girón, en un intento de acercamiento entre el poderoso EE.UU. y el pequeño país antillano de Cuba.
La iniciativa habría contado con el visto bueno de la Casa Blanca. Por otro lado, el presidente Arturo Frondizi hace pública en 1992 su versión sobre lo ocurrido. Según el mandatario argentino, la iniciativa no partió de él, sino del propio Kennedy, quien le habría solicitado intentar una reunión con Guevara aprovechando la conferencia de la OEA en Punta del Este. Frondizi afirma que el presidente norteamericano fundamentó su pedido en los efectos negativos que habría causado el fracasado intento de invasión en Playa Girón. Kennedy habría sugerido una mediación de Frondizi y Quadros para intentar una recomposición de las relaciones cubano-norteamericanas.
Lo cierto es que el resultado palpable de las conversaciones entre los representantes de Argentina, Brasil y Cuba fue poco exitoso y de variadas consecuencias. Frondizi entregará el poder a los militares en 1962 y Quadros, presidente de Brasil, quien condecoró al Che con la "Gran Orden del Cruzeiro del Sur" de Brasil, renunciaría extrañamente a la conducción política de su país una semana después del acto de homenaje al guerrillero argentino.
Guevara regresa a su país por adopción después de permanecer dos semanas en Punta del Este. Ya en Cuba, el jefe guerrillero ocupará la mayoría de su tiempo en intentar dar un impulso cualitativo a la economía de la isla gobernada por Fidel.
En tiempos en que la acumulación alimenticia producida en la época batistiana se iba agotando en Cuba y su pueblo comenzaba a restringir seriamente su consumo, una barrera de sospechas empieza a separar al Che del lejano y burocrático Moscú. Guevara confía más en sus guajiros, dignificados por el triunfo de la revolución, que en los burócratas rusos que comenzaron a exigir más de lo que ofrecían. Con el 85% de la economía cubana en manos del Estado, el Che parecería haber optado, en 1961, por emprender su propia experiencia económica.
A mediados de 1961, el ministro de Industrias de Cuba, Ernesto Che Guevara, lanza su primera "utopía económica nacional" desarrollada bajo la forma del primer "plan cuatrimestral de la era revolucionaria". Las propuestas de Guevara, planteadas al más corto plazo posible, son enormes en las metas a alcanzar. Los objetivos de Guevara incluían, entre otras, el autoabastecimiento en materia de productos alimenticios y materias primas agropecuarias en el término de cuatro años, alcanzar una tasa de crecimiento anual del 15%. Construir 25 mil viviendas rurales y una cantidad similar en edificaciones habitacionales urbanas. Se debería alcanzar, en tan solo un año, el pleno empleo y para conseguirlo se deberían mantener estables los precios mayoristas y minoristas en el mercado interno de Cuba, aumentando de esta manera el consumo y la producción. Se aumentarían las cosechas de azúcar a 9,4 millones de toneladas anuales y se estimularía el consumo de alimentos que debería alcanzar el 12% anual. La meta impostergable, a la que Guevara dio prioridad, fue la de intentar alcanzar con educación y asistencia médica a toda la población de la isla.
"Notas de El sueño de Guevara para Cuba es el de producir tractores, automóviles y heladeras, azúcar, trigo y herramientas. La idea de sustituir las importaciones por productos elaborados en Cuba sin la participación de intermediarios, y la formación de una clase obrera industrial con la que Cuba no contaba todavía, sería una obsesión constante del Che.
Los resultados obtenidos en el último tramo de 1961, y el posterior desastre de 1962-63, significarán duras pero importantes enseñanzas para el guerrillero convertido en ministro. El Che no podía ubicar correctamente en el tiempo las prioridades, manejaba con poco acierto la táctica y la estrategia, sus planes económicos elaborados para ser aplicados en el primer cuatrimestre de 1961, llegaron en muy pocas oportunidades a un desenlace feliz. El Che no comprendió en su momento que era imposible construir tractores sin antes contar con los materiales y la tecnología necesarios para su fabricación. Que los ingenieros y la mano de obra especializada no se podían preparar en días, sino que la formación de estos profesionales demandaría años. La ayuda socialista en la que tanto confió el Che pasada la crisis petrolera, no entregaba las fábricas ni los productos con la calidad prometida. En este sentido, Sergei Kudriavtsev, en sus conversación del 8 de diciembre de 1961 con el ministro de Industrias Ernesto Guevara", relata: "Guevara señaló que ciertas dificultades en su economía se crean por algunos países socialistas. Los checos, por ejemplo, están llevando a cabo respecto de Cuba una política comercial muy dura que a veces se parece a una política de relaciones entre países capitalistas y no socialistas".
Por otro lado, el Che genera grandes logros para la sociedad cubana. Consigue reducir el analfabetismo de un 23 a un 3%. Las campañas de alfabetización ponen en acción a 270 mil maestros -para 1965, la matrícula de escolarización en Cuba superaba en un 50% al promedio del resto de América latina, y sus contenidos educativos fueron considerados internacionalmente como los mejores de esa parte del continente americano-. He aquí la utopía del Che en acción. Su sentido humano, su desprecio por el dinero como fin en sí mismo, que en definitiva lo llevara al fracaso en su gestión al frente del Ministerio de Industrias por contraponerse a las directivas impartidas por Moscú con respecto al rol que le correspondería a Cuba en la división internacional del trabajo dentro del bloque socialista, planificado y dirigido por los soviéticos desde la capital rusa. En el momento más dramático de la crisis económica cubana, el Che se atreve a pensar en el futuro de su país a través de la formación de sus niños y jóvenes. He aquí quizá la síntesis de su no buscada grandeza. El Che invierte en educación, un área que en lugar de producir ingresos, tan necesarios para aquel presente de privaciones, significó para el Estado una sangría de recursos tan difícilmente logrados a manera de esfuerzos sociales en ahorro y privaciones, pero que apuntaba a la realización de las futuras generaciones de cubanos. El estadista comprende que el futuro de la isla caribeña depende de la formación que se les brinde a sus niños, y allí, en esa área, centra la mayoría de los esfuerzos económicos producidos por la sociedad. No es de extrañar que aún hoy, y a pesar de la grave crisis económica por la que atraviesa Cuba, la atención médica sea una de las mejores del continente, y que la matrícula escolar siga siendo todavía una de las más elevadas de toda América.
Con el mercado norteamericano cerrado (entre febrero y agosto de 1962 se produjeron 716 sabotajes organizados por la CIA que produjeron invaluables pérdidas en vidas humanas y dinero) y el resto de América plegada al boicot comercial contra la isla, Cuba se encuentra al borde del colapso económico. La URSS, por su parte, exige el pago de los 100 millones de dólares gestionados por Castro ante Mikoyan y aprobado en su momento por Khruschev a modo de ayuda, que aprietan un poco más el cuello cubano.
Guevara realiza su primera autocrítica pública. La televisión cubana muestra a un Che que humildemente reconoce sus culpas, especialmente las referidas a la elaboración del primer plan cuatrimestral. Guevara confiesa haber elaborado "un plan absurdo, desconectado de la realidad, con metas absurdas y con recursos que eran de sueño". El argentino había centralizado la economía de Cuba y la había puesto a disposición de las decisiones emanadas del ministerio a su cargo. El destino económico de más de 200 mil personas enroladas en 300 empresas, comenzaron a depender de su capacidad de planificación y decisión. Por diferentes razones que actuaron en su contra, pocas fueron las metas que Guevara pudo alcanzar en materia de logros económicos durante sus primeros años de gestión frente al Ministerio de Industrias. El incumplimiento de las promesas de ayuda que los países socialistas habían comprometido, el éxodo campesino a la ciudad, el intento de Guevara de igualar los salarios de todos los cubanos sin haber contado con las dificultades que implicaba ecuanimizar 25 categorías salariales que distribuían 90 mil salarios y, sobre todo, sin contar con el dinero necesario para realizarlo; el bloqueo norteamericano, la desorganización del Estado generada por el quiebre del funcionamiento capitalista en la isla, las propuestas esbozadas en su primer plan cuatrimestral, que por lo incongruentes, después de crear grandes expectativas en la población, no pudieron ser cumplidas por el gobierno de la revolución representado por su ministro de Industrias.
Coincidente con la presentación del Plan Económico para 1963, ante el Consejo de Ministros, Guevara recibirá en el Ministerio, en diciembre de 1962, el refuerzo de un prestigioso colaborador, Miguel Alejandro Figueras, quien informa al Che sobre áreas que hasta ese momento no se habían contemplado en los proyectos de modernización de Cuba. Figueras, que pasará a desempeñar funciones en la Dirección de Planificación a Largo Plazo, expone ante Guevara sobre las necesidades de dominar áreas estratégicas para la economía como lo eran electrónica y la informática.
Las "Tareas generales para 1963" elaboradas por el Che, contienen una serie de medidas tendientes a consolidar los logros y rectificar los errores cometidos en la primera etapa de la planificación de la economía cubana.
Con respecto a los errores, Guevara toma cuatro medidas, a su entender, fundamentales. Detener la burocratización del aparato de Estado, no invertir hasta que los medios económicos así lo permitan -se cancelan las compras de fábricas soviéticas- y se impulsa la preparación de técnicos y profesionales que se considera la única posibilidad para elevar la calidad de los productos cubanos. La solución para este último ítem coincide con la línea general de Guevara con respecto a la educación de la población. Durante su permanencia al frente del Ministerio de Industrias, se escolarizará al 40% de la fuerza laboral cubana y se desarrollarán, bajo la dirección de Figueras, diez centros de investigación científica para el desarrollo industrial.
Pero Guevara no renunciará nunca a su idealismo. El líder guerrillero ha sacado importantes enseñanzas de la denominada "Crisis de los cohetes". Durante octubre la producción industrial en Cuba ha aumentado considerablemente. El Che incorporó lo sucedido en la producción como el fruto de la moral revolucionaria del pueblo cubano que respondía defendiendo los intereses de la nación cada vez que algo o alguien ponía en peligro su funcionamiento. Para Guevara ningún plan, por bueno que éste fuera, podría ser llevado adelante sin la conciencia que la población tenía de su situación como artífice de su destino. Guevara confiaba en el pueblo como la única fuerza capaz de realizar la transformación que la sociedad cubana necesitaba.
A mediados de 1963, Ernesto Guevara recibe una mala noticia, su madre, Celia, ha sido detenida por la policía en Argentina acusada de ingresar material propagandístico comunista al país. La madre del Che, que padecía cáncer, permanecerá dos meses recluida en la cárcel correccional de mujeres de Buenos Aires. Por este tiempo, el 14 de junio de 1963, nacerá Celia -la elección del nombre de su hija significa un homenaje y reconocimiento de Ernesto hacia su madre-, tercer hijo del matrimonio Guevara-March y cuarto del comandante argentino.
En Cuba se habían generado dos tendencias bien claras con respecto a la interpretación de los rumbos económicos a seguir. Por un lado, el Che, con los hombres de su entorno, que ya formaban parte de su grupo de leales formado en años de lucha, entre los que se distinguían Alvarez Rom, en Hacienda, y Oltuski en el Juceplan, quienes al igual que el Che rechazaban una economía a la soviética. Sus adversarios ideológicos, que a pesar de no pertenecer al prosoviético PSP apoyaban sus posturas a nivel institucional, estaban representados por los dirigentes Alberto Mora, Rolando Díaz y Marcelo Fernández, este último presidente del Banco Central de Cuba. Los prosoviéticos defendían la postura de diferenciación salarial como estímulo a la producción y el manejo libre de las empresas cubanas dependientes del Estado, traducida en la autonomía de éstas para determinar su situación financiera apoyada por la libertad en la toma de créditos bancarios. El Che postulaba la centralización de la industria y la confianza en el pueblo, que no necesitaba de estímulos materiales para producir mejores productos, sino que la conciencia revolucionaria suplantaría el estímulo material al momento de producir.
En los últimos días de junio de 1963, Ernesto Guevara partirá hacia Argelia, donde se entrevistará con el líder guerrillero Ben Bella. Regresará a La Habana, a mediados de julio.
En octubre, un ciclón devasta Oriente y Camagüey. Guevara comprobará la dimensión de la catástrofe recorriendo personalmente las zonas anegadas. Viviendas destruidas, animales muertos e industrias inutilizadas son el resultado del paso del huracán por territorio cubano.
El año 63 termina con una profundización del conflicto que Guevara ha hecho ya personal en relación con los países del Este. Guevara aclara en una reunión de la dirección del Ministerio de Industrias: "Nosotros incumplimos los contratos con los países socialistas y los países socialistas pues, incumplen con nosotros por la vía de suprimir las cosas tranquilamente". Su ataque a la burocracia de la URSS se transforma en abierto y áspero. Guevara no puede aceptar que después de 45 años de construcción socialista en el Este, no se haya podido detener el burocratismo y que la planificación agropecuaria muestre resultados tan calamitosos.
Fidel Castro visitará la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por un lapso de 40 días. Allí el Primer Ministro de Cuba suscribirá acuerdos con los dirigentes máximos de la patria de Lenin que teñirán de dependencia política y económica a la isla de Cuba.. El Che Guevara se rehusará a acompañar al comandante Castro en su gira por la URSS.
Castro firmará con los soviéticos pactos que obligarán a Cuba a retornar a su rol histórico de productor de azúcar y ganado vacuno, terminando de esta manera con los "utópicos" proyectos impulsados desde el Ministerio de Industrias por el comandante Guevara, quien desde el primer día de su designación intentó la industrialización de la isla como el único instrumento posible para terminar con la dependencia económica y la pobreza de sus compatriotas cubanos.
Guevara estrena 1964 con un plan de inversiones que estará seriamente condicionado por el lugar que la URSS le ha asignado a Cuba en la división internacional del trabajo socialista. La orientación de estas inversiones ha variado radicalmente con respecto al sector productivo donde se realizarán. La industrialización debería esperar mejores tiempos y más dinero para desarrollarse. Guevara apostará en este período a la producción azucarera, la fuerte eterna de donde Cuba extrajo los recursos económicos necesarios que le permitieron sobrevivir como nación, pero que a la vez lo sumieron en la dependencia económica.
La disputa permanente que Guevara mantiene con Regino Boti, ministro de Economía y secretario técnico del Juceplan, hace brotar el espíritu sarcástico rioplatense que caracterizaba al Che. Paco Ignacio Taibo II, en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como el Che", describe perfectamente estas discusiones poniendo el acento en los puntos de vista del guerrillero argentino. Taibo comenta: "Con Rogino Boti, el ministro de Economía (...) mantenía el Che en aquellos meses un conflicto permanente, acusando al Juceplan de ser un antro burocrático, muy formal. En su correspondencia con Boti, con quien polemizaba frecuentemente, pero a quien le tenía cariño y respeto, las puyas eran constantes. En octubre del año anterior le había escrito: 'Lamento que mi ausencia de la junta (Juceplan) le haya impedido realizar cualquier consulta referente a problemas de la producción. Para su información, ni los barcos de Camagüey ni los de Oriente han sufrido por el ciclón. Cualquier noticia telefónica o por escrito o cualquier duda en el campo de la producción y otros que domino (teoría del valor, por ejemplo) estoy a sus órdenes'.
A comienzos de febrero del 64, en una discusión sobre un problema técnico, culminará: 'Lo saludo, compañero ministro, con el grito de lucha de la Junta Central de Planificación: Viva la guerra epistolar. Muera el trabajo productivo'. El 12 de junio le escribe otra carta respondiendo a una solicitud de aumento del número de ejemplares de la 'Revista Médica Panamericana', 'amparado en mi pequeña y poco edificante historia de médico, donde le dice que la revista es una porquería y las porquerías no cumplen funciones políticas (...)'".
El timonazo de Fidel renovando el aparato de Estado cubano favoreció en los primeros meses del 64 los postulados económicos del Che con respecto a la necesidad de centralizar aún más la economía.
Guevara condimenta sus discusiones y orientaciones económicas con un fino sarcasmo rioplatense. La tonadita cubana en el discurso del Che desaparece de vez en cuando al momento de clavar púas en los corazones de sus interlocutores. En mayo de 1964, el Che se comunica epistolarmente con el director del Hospital Psiquiátrico de La Habana. En la carta, el ministro de Industrias sostiene: "... Tengo otra curiosidad: ¿cómo pueden imprimirse 6.300 ejemplares de una revista especializada, cuando ni siquiera hay esa cantidad de médicos en Cuba? Me salta una duda que me lleva mi ánimo a los umbrales de una psicosis neuroeconómica ¿Estarán las ratas usando la revista para profundizar sus conocimientos psiquiátricos o templar sus estómagos? ¿O tal vez cada enfermo tenga en la cabecera un tomo de la publicación? En todo caso hay tres mil ejemplares de más en el número de la tirada; te ruego que pienses sobre eso. En serio, la revista está buena, la tirada es intolerable. Créeme, porque los locos siempre dicen la verdad".
Con Cuba sometida a la producción de azúcar, su ministro de Industrias debe adecuar sus planes a esta realidad. El 3 de junio de 1964, el Che pierde el control sobre la producción de azúcar que será administrada por un Ministerio específico que recaerá bajo la responsabilidad de Orlando Borrego, un colaborador cercano a Guevara. El argentino comprende que algo no ha funcionado como debía, en cuatro años de revolución Cuba no había podido desarrollar una industria sustitutiva de la caña de azúcar y la posibilidad de hacerlo se había cerrado con la visita de Fidel a Moscú que cerraba todos los caminos alternativos. Ernesto Guevara, aunque mantiene su condición de ministro, se aparta cada vez más de la planificación de la economía de Cuba. Comenzará de a poco a sumarse a otras responsabilidades y comenzará a estructurar sus planes guerrilleros que lo conducirán lentamente al África y luego a su definitiva Bolivia

La crisis de los misiles

Con los festejos por la visita del jefe del gobierno de Argelia, Ahmed Ben Bella, flotando en el aire de La Habana, el 30 de mayo de 1962 se produce una reunión de la máxima dirigencia política de Cuba compuesta por el presidente Osvaldo Dorticós, Carlos Rafael Rodríguez, Raúl Castro, Fidel y el Che. El motivo del encuentro, analizar una de las propuestas militares más ambiciosas, que por iniciativa de Nikita Khruschev, ha sido comunicada a Fidel a través del mariscal soviético Biryuzov. La propuesta consiste en la instalación de misiles de fabricación soviética, montados con cabezas radiactivas en la isla caribeña de Cuba.
Muy poco se sabe sobre lo conversado en la reunión de los máximos dirigentes cubanos, y menos aún sobre las posturas que cada uno tuvo con respecto a la construcción de bases para el lanzamiento de cohetes radiactivos en la isla. Algún dato fue aportado en 1992 por el primer ministro cubano Fidel Castro, quien aseguró, durante la conferencia de La Habana: "No nos gustaban los cohetes, dañaban la imagen de la revolución en América latina. Los misiles nos convertían en una base militar soviética, pensamos en cambio que fortalecería al bloque socialista". Por los resultados conocidos, no se puede dudar de que en la reunión de la que participaron los dirigentes revolucionarios más prestigiosos de Cuba se resolvió aceptar la propuesta soviética. En breve, Cuba contaría con su base para el lanzamiento de misiles con carga atómica.
Raúl Castro, ministro de Defensa cubano, viaja a Moscú para discutir los términos del acuerdo con el mariscal Malinovski quien, comisionado por Khruschev, entrega al hermano menor de Fidel las bases de un preacuerdo en el que se establecía el envío de 42 mil soldados rusos a Cuba y 42 misiles con cabezas nucleares de 24 metros de extensión. Castro rechaza el preacuerdo, calificándolo de "muy científico y poco político".
El Che es enviado por Castro a Moscú para que se encargue de la elaboración final del documento que permita el traslado de los misiles a la isla. Guevara llega a Moscú en compañía de Emilio Aragonés y es recibido por Leonid Brezhnev, ya que el premier Nikita Khruschev se encontraba tomando unas vacaciones en Crimea. Che y Aragonés parten de inmediato hacia Yalta.
El eje de la discusión de la entrevista entre el mandatario soviético y el delegado de la revolución cubana se centra en el la reflexión de Guevara, que consistía en su convencimiento de que el mantenimiento del secreto sobre las bases lanzamisiles en Cuba duraría un tiempo muy limitado. La conclusión a la que llegaba el médico argentino era que lo pertinente sería dar publicidad a la firma del acuerdo militar. Khruschev, que piensa sobre todo en las bases norteamericanas emplazadas en Turquía, se niega a hacer público el acuerdo. Ante la tozudez de Nikita, que acepta todas las enmiendas cubanas hechas al documento, pero se niega a publicitar el acuerdo, el Che y Aragonés aceptan la propuesta del silencio y regresan a Cuba.
Sobre la resolución soviética de mantener en secreto el envío de misiles a Cuba, Aragonés cuenta: "El problema no estaba en el envío de los cohetes. Ellos decían que los cohetes venían para proteger la independencia de Cuba de un ataque americano. Para eso sólo hacía falta una declaración solemne del Estado soviético: si ellos atacaban a Cuba era un ataque a la Unión Soviética. El papelito hubiera sido importante. Pero claro, los cohetes son mucho más importantes que el papelito. Nosotros en Cuba queríamos que fuera un pacto público porque la aprobación del loco éste de Khruschev se hace únicamente con seis miembros del Secretariado del Partido de Cuba. Fidel Castro, Raúl Castro, Che Guevara, Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez y Emilio Aragonés. Nadie más sabía nada de esto".
Los cohetes rusos entraron a Cuba sin ser descubiertos por los servicios de inteligencia americanos. En la conferencia de La Habana, en enero de 1992, Fidel Castro confesó que 20 de los 42 misiles instalados por la URSS en la isla de Cuba contenían ojivas nucleares, y seis lanzacohetes tácticos llevaban en sus cabezas cargas radiactivas. Todo este arsenal estaba listo para ser disparado en cuanto los norteamericanos desembarcaran en suelo cubano. Robert Mac Namara, secretario de Defensa de EE.UU. durante la presidencia de John Kennedy, quien participara junto con Castro de la conferencia realizada en La Habana, mostró su asombro al escuchar la confesión del Primer Ministro cubano. Con respecto a las tropas soviéticas que ingresaron a Cuba sin ser detectadas por los servicios de inteligencia norteamericanos, Alexeiev, embajador soviético en La Habana en épocas de la "Crisis", y Sergo Mikoyan, confirmaron una cifra cercana a los 20 mil hombres.
El mundo entero aguantará la respiración durante tres días, cuando el 22 de octubre de 1962 se produce el hecho que se conoce con el nombre de "La crisis de los cohetes" o "Crisis de octubre". En un mensaje televisivo de 17 minutos de duración, el presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, anuncia la "indiscutible evidencia de las bases en Cuba".
Los altos mandos de la marina de guerra de los EE.UU. reciben la orden de detener a un convoy de barcos que se dirige a territorio cubano.
El 23 de octubre se declara en todo el territorio de Cuba la "alarma de combate". El Che Guevara, como ya era costumbre, se hace cargo de la comandancia del Ejército Occidental, destacado en Pinar del Río, estableciendo su cuartel general en Los Portales, una cueva cercana al río San Diego, en el valle de San Andrés de Caiguanabo.
El 24 de octubre de 1962, Khruschev comunica al presidente Kennedy su decisión: los barcos soviéticos pase lo que pase seguirán su curso hacia el puerto de La Habana, considerando como una agresión directa de los EE.UU. el bloqueo impuesto por los barcos de la armada norteamericana, para impedir el acceso de los de bandera soviética a Cuba.
El 25 de octubre de 1962, los barcos soviéticos que formaban el convoy hacia Cuba rompen la formación cambiando el curso. La mayoría regresa a la URSS. Sólo el buque petrolero Bucarest continúa la marcha hacia la formación de barcos norteamericanos apostados sobre las aguas territoriales cubanas.
El 26, Fidel alerta con lujo de detalles a Khruschev sobre la inminencia de una invasión estadounidense a Cuba. Castro predice un primer ataque aéreo seguido de una oleada de marines norteamericanos sobre las playas de su país. Ese mismo día, John Kennedy ordena a la aviación norteamericana sobrevolar territorio cubano en busca de información sobre las plataformas lanzamisiles. Fidel responde ordenando que se dispare sobre los aviones de reconocimiento de los EE.UU. Finalmente, un U2 de bandera americana es derribado cuando sobrevolaba la isla.
Los estadistas de las dos superpotencias tenían dos alternativas a seguir, o dialogaban o estallaba la guerra nuclear. Khruschev es quien tomará la iniciativa contactando a Kennedy, Cuba quedará marginada de las negociaciones y recién se enterará por un cable de agencia el día 28, sobre los resultados del acuerdo entre las dos poderosas naciones. La propuesta de Khruschev es clara y concisa: los rusos sacarán los misiles de Cuba si los americanos quitan los suyos de las bases de Turquía y se abstienen de atacar la isla gobernada por Fidel. Kennedy acepta. El orgullo cubano queda herido de muerte. La URSS no los ha convocado y los ha utilizado como el queso de la ratonera para sacarse de encima los misiles americanos que apuntan hacia Moscú desde Turquía. Conocido el resultado de las negociaciones entre las superpotencias, el pueblo cubano coreará por las calles de La Habana "Nikita mariquita, lo que se da no se quita". Fidel, por su lado, al enterarse de la decisión soviética de retirar los misiles de Cuba, refiriéndose a Khruschev dijo: "... Hijo de puta, pendejo y culero".
Días más tarde, el Che escribirá un artículo, "Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana", que recién se publicará después de su muerte en Bolivia, donde describirá los sucesos ocurridos durante "La crisis de octubre". El Che pondrá de manifiesto en el escrito el valor demostrado por el pueblo cubano diciendo: "Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas y que cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, decisión de lucha aunque fuera solo".

Su  MUERTE 

El 3 de noviembre de 1966 llega a La Paz, Bolivia, con el nombre de Adolfo Mena González y pasaporte uruguayo. El 7 de noviembre se incorpora a la guerrilla.
 
El 18 de abril de 1967 se publica en Cuba su "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental".
 
El 8 de octubre es herido en combate en la Quebrada del Yuro. El 9 de octubre es asesinado en el pueblo de Higuera.
 
El 28 de junio de 1997 un grupo de expertos cubanos y argentinos descubre una fosa común en Vallegrande con los restos del Che y de otros 6 guerrilleros.
 
El 12 de julio es recibido en el aeropuerto de San Antonio de los Baños por su familia y compañeros. Los restos del Che descansan en el mausoleo de la Plaza Ernesto "Che" Guevara en Santa Clara

Por su apariencia salvaje, romántica y revolucionaria, Che se convirtió en una leyenda y un ídolo para los jóvenes revolucionarios de todo el mundos, en un ejemplo de lucha y revolución, como única esperanza para acabar con la explotación capitalista, y conseguir la construcción de una sociedad mas justa, digna e igualitaria,  por la que lucharon los estudiantes de los años 50' y 60'.


Publicado por masseroli_team @ 20:48
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